2017

Un año lleno de aventuras, nuevas amistades, risas y felicidad.

El año empezó lleno de ilusión y ganas de saber qué sería de mi futuro. Poco a poco se iba acercando el día de la verdad y el veintisiete de enero descubrí que viajaría al otro lado del océano a vivir el gran sueño americano.

A partir de ese momento empecé a disfrutar de pequeños detalles de mi vida en España que meses más tarde recordaría a seis mil kilómetros de distancia.

En febrero viajé a Italia con mi clase del instituto, a un lugar en el que ya había estado con mi familia, pero esta vez con amigos. Volví a recorrer las calles de Verona, Venecia y Bassano, conociendo cada vez más rincones y creando más y más recuerdos en tan hermosos lugares. Recordé lo precioso que es Italia y me hice la promesa de que algún día volveré a los mismos lugares en los que ya he estado, porque nunca hay suficientes veces. Me di cuenta de lo bonito que es viajar con amigos, aprendiendo y disfrutando juntos, y me hice la promesa de seguir haciéndolo en el futuro.

Pero el viaje a Italia no acaba ahí, pues horas antes de coger el avión de vuelta me llegó la información de la familia que había decidido acogerme durante el siguiente curso escolar. Y horas más tarde, al aterrizar en España, me llegaron tres e-mails de mi familia americana, explicándome detalladamente cosas sobre ellos y el lugar en el que vivían, que ahora se ha convertido en mi segundo hogar, Michigan.

Mientras vivía marzo, lo denominé un mes épico, y así es como me referiré a él ahora. El día doce mi hermano cumplió doce años, alejándose de la infancia y adentrándose en la preadolescencia. Me di cuenta de que mi hermanito ya no era la monada de bebé con la que yo había jugado durante años, y que ahora tenía su propia personalidad, que ya no hacía todo lo que yo quería que hiciese y que aquel niño pequeño ya solo vivía en el recuerdo de mi niñez.

También durante esas fechas conocí en persona a algo de lo mejor que me ha dado este año, nuevas amistades. Pasé un día épico rodeada de naturaleza y animales, sin parar de sonreír, y un fin de semana en Madrid que sin duda es uno de los recuerdos más bonitos de este año. Me rodeé de gente a la que yo había elegido y que me había elegido mutuamente, compartí con ellos temas personales, tiempo libre, canciones, risas, felicidad e ilusión, y sabía que de momento solo era seguro que les fuera a ver ese mismo fin de semana, pero que la amistad que habíamos creado duraría mucho tiempo más.

En abril viajé lo más lejos que había viajado nunca, visitando por primera vez el país que meses más tarde sería mi hogar. Mis tías me dieron un año más la gran oportunidad de viajar con ellas, esta vez a Nueva York. Durante una semana conocimos cada rincón de la Gran Manzana, y tuve un pequeño preview de la cultura americana. Comí la hamburguesa más rica que he probado nunca, me quedé dormida en el metro, me tumbé en el césped de Central Park e incluso vi esta gran ciudad desde un helicóptero. Sin duda, otro gran viaje que se suma a la lista marcado con el asterisco de lugares a los que volveré algún día.

Mayo fue un mes más pero a la vez el principio del fin. Exámenes, último mes de conservatorio y últimos entrenamientos, poco a poco me fui dando cuenta de que se acababa el curso y de que ya no habría más ESO ni instituto como hasta entonces lo conocía.

Y efectivamente, en junio se acabó. Disfruté de la primera semana de vacaciones como si mi vida fuera a seguir igual que siempre, salí a correr con algunos amigos o a dar un paseo por la Magdalena, disfruté de la calma de Santander y de no tener nada que hacer. Y entonces empezó la marcha. Llegaron a mi casa dos amigas de la beca, las mismas a las que pensaba que no volvería a ver y me vi disfrutando del verano con tres chicas que habían aparecido en mi vida de la nada, pero que me hacían muy feliz.

En julio viajamos a Madrid para una sorpresa. Volví a ver a todos esos que me habían hecho tan feliz en marzo y a más. Puse cara a muchos nombres y cuerpo a muchas caras. Y disfruté de aquel día, una vez más, rodeada de toda esa gente que había entrado a mi vida de repente.

A mediados de julio mezclé beca con realidad al quedar o pasar tiempo con gente a la que hasta entonces no conocía en la vida real. Me acostumbré a que mis amigos ya no fueran solo mis amigos de Santander de toda la vida, sino gente de toda España a la que seis meses antes no había podido imaginar riendo, paseando, en la playa, tirados en un sofá, comiendo una hamburguesa, o cantando en el coche mientras recorríamos Málaga o Madrid a mi lado.

En agosto volví a casa a disfrutar del último mes con mi familia. Mi madre se sorprendía cada vez que yo decía que sí a ir a hacer algo con mis tías y primas, algo que a mi me extrañaba, porque yo siempre estaba deseando pasar tiempo juntos. Soy de esas personas afortunadas que siempre se divierte estando en familia, ya sea por parte de madre o de padre, que se lleva bien con sus primos, primas en mi caso, y que espera todo el año hasta Navidad porque es la época del año en la que todos nos reunimos. Y es que ¿qué sería yo sin todos ellos, que me han enseñado y educado, que a su lado he sido feliz y he crecido sabiendo lo que hay en el mundo y lo que puedo conseguir? No estaría aquí ni sería quien soy.

Cuando recuerdo agosto y a mis amigos pienso en nuestra fiesta de despedida, en ver sus sombras, oír el mar y sentir la arena fría en los pies. Recuerdo el día en el que una de nosotros se fue y supe la siguiente era yo, y como algunos de ellos también lo supieron e intentaron aprovechar cada momento conmigo.

Y entonces llegó el gran día. Y después estaba en Estados Unidos.

En septiembre ya habían empezado las clases y tuve mis primeras experiencias de instituto americano. Disfruté de marching band y de cross country. Aprendí a marchar en un campo de fútbol americano y a ver el deporte de una forma mucho más competitiva. Fui a mi primer baile, homecoming y empecé a descubrir la cultura americana.

En octubre fui de camping con mi familia, vi lo más parecido al mar que hay aquí, el lago Michigan, que de verdad parece un mar, y monté en bici y jugué en las dunas como cuando de pequeña íbamos de camping a las Landas. Viví la fiesta americana que más dinero mueve, Halloween, decorando la casa con brujas y arañas e hice truco o trato mientras me moría de frío.

En noviembre se acabó la temporada de marching band y cross country e intenté unirme al equipo de baloncesto, lo que fue un fracaso, algo que desde que lo viví me llevo riendo de ello. Viajamos a Texas por Acción de Gracias para reunirnos con la familia de mi padre americano, visitamos Houston, San Antonio y Austin, viví la fiesta del pavo y la comida y visité un pequeño pueblo ranchero en el que había más ciervos que casas. Como anécdota, mis padres americanos llevaban todo el viaje bromeando con que me iban a hacer una foto vestida de cowgirl y cuando pensé que había salido victoriosa, pararon en una tienda de botas en el último minuto solo para hacerme una foto, que por cierto, no saldrá a la luz.

A principios de diciembre decoramos para Navidad. Y con la llegada de la Navidad me di cuenta de que esto ya no es el principio de mi aventura, que el instituto ya no es algo nuevo para mi, que mi familia ya no son unos extraños y que mientras estoy aquí no solo estoy observando las vidas de los que me rodean, sino que soy parte de ellas.

También este mes me he dado cuenta de que he crecido y de que tengo más claro cómo quiero ser y qué quiero hacer con mi vida. Y digo más claro, no claro del todo.

Y este mes también he sentido la extraña sensación de no estar en casa por Navidad, porque como decía antes es mi época del año preferida. Pero la verdad es que estoy disfrutando de las vacaciones como todos los años, porque sigue siendo Navidad, y hay gente en casa y alguien con quien jugar a las cartas o al ping pong. Siento que son estas fiestas y estoy emocionada aunque no haya mucho que celebrar, pues no celebramos Añonuevo ni Reyes, ni hay villancicos de esos que escuchas y sabes que son de hace décadas, ni tampoco hay campanadas, ni torrijas, ni roscón ni chocolate. Pero estoy feliz, que es lo que cuenta.

Justo ahora acaba de empezar el último día del año, dentro de una semana exacta cumplo 17.

¿Quién me iba a decir a mí hace un año que iba a estar yo aquí ahora? ¿Que iba a haber vivido todo lo que he vivido este año, todo lo que he visto y aprendido? ¿Toda la gente a la que he conocido, toda la gente a la que he querido, y todos los sueños que he cumplido?

Despido este año con el deseo de que 2018 sea tan bueno como este, o mejor. Que siga cumpliendo sueños, aprendiendo, conociendo, disfrutando y viajando. Y que sea muy, muy feliz.

Anuncios

2 comentarios en “2017

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s