II- Asombrosa normalidad

Hace un año, exactamente un año, acababa de rellenar mi solicitud para la beca. Hace un año me sentaba en el sofá de mi casa mirando vídeos en Youtube de gente normal, estudiantes de secundaria, que habían ido al otro lado del océano a vivir un día a día completamente diferente al que llevaban en España, gente que estaba descubriendo una nueva cultura y que estaba aprendiendo cada día cosas nuevas que no podría aprender estando en casa. Hace un año empecé a irme a la cama cada noche pensando “¿y si me voy yo?”, “¿y si dentro de unos meses soy yo una de esas?”, “¿y si dentro de un año estoy viviendo en Norteamérica una vida de película?”.

Y aquí estoy ahora, un año después, sentada en mi cama americana, recordando los viejos tiempos. Recordando cuando empezaba a soñar con grandes aventuras y con experiencias que era casi imposible que fuera a vivir. Sí, aquí estoy, sentada en mi cama americana, pensando en todas esas cosas que hago día a día que se han convertido en normales, pero que son una pasada.

Sándwiches de mantequilla de cacahuete y mermelada, una taquilla de las grandes solo para mi, recorrer los largos pasillos del instituto, usar el móvil y comer en clase, que las aulas estén completamente decoradas con cosas de la asignatura, que mis compañeros juren lealtad a la bandera, ver a la gente con ropa del equipo del instituto y del equipo de la universidad, tomar el lunch en mesas redondas en una cafetería enorme, el gimnasio del instituto, que nos manden correr cuatro millas en un entrenamiento, el aparcamiento con coches enormes y adolescentes al volante… cosas del día a día fascinantes que sólo muy de vez en cuando me paro a apreciar y me doy cuenta de lo extrañas y a la vez normales que son.

¿Quién iba a decirme hace un año que iba a marchar con la banda de mi instituto? ¿Quién iba a decirme que vería los partidos de fútbol americano desde las gradas, vestida con mi uniforme de soldadito, comiendo galletas con formas de animales y sujetando la flauta para tocar cada vez que se marcase un punto? ¿Quién me diría que algún día sería normal ver ciervos y pavos a los lados de la carretera, que escuchar al otro lado de las gradas gritar a coro “USA, USA” sería normal, que viviría con un perro en una casa enorme, que me llevarían en un Jeep del 85 a clase y volvería a casa en un autobús amarillo, que llegaría un momento en el que que todos hablasen en inlgés a mi alrededor sería lo más normal del mundo, que al pensar en llegar a casa no pensaría en el piso en el que me crié, que al pensar en mi cama, pensaría en esta grande cama en la que estoy sentada y, en definitiva, quién me diría que mi vida cambiaría tanto?

Todas estas cosas, tan normales para mí ahora mismo, serían asombrosas para mi yo de hace un año.

Me he acostumbrado a este estilo de vida, a la asombrosa normalidad de cada día.

Esta mañana he mirado la cuenta atrás y he visto que me quedan solo siete meses y tres semanas para volver a España. Y no me quiero ir, quiero seguir descubriendo algo nuevo sobre la cultura de este país cada día, sobre mis compañeros de instituto, sobre mi familia de acogida, sobre mí. Quiero seguir aprendiendo, madurando, disfrutando de este precioso momento que me toca vivir.

Quiero estar en el campo de fútbol en el lugar en el que no me toca estar, perdida entre trombones cuando soy una flauta, riéndome de mi misma y disfrutando una vez más de ese momento que sólo pasa una vez en la vida.

Porque sé que volveré a España y lo echaré de menos, echaré de menos la aventura, porque todo será como antes, pero yo habré cambiado. Ya no seré una niña que soñaba con vivir el año de su vida, seré una joven que recordará viejos tiempos a la vez que planea su próximo viaje.

 

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Un comentario en “II- Asombrosa normalidad

  1. Eso es, Carmen, volverás y lo echarás de menos, y planearás nuevas cosas… y serás feliz por haberlo vivido y también te alegrarás de estar aquí con nosotros. Pero para eso aún quedan muchos meses de disfrutar y de aprender, de crecer y de soñar. Vive cada momento, no pienses que se acaba, no es verdad. No pierdas ni un minuto en pensar en el último día. Paso a paso, poco a poco, saboreando cada momento.
    Déjanos a nosotros el pensar en el después y el echarte de menos. Besos.

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