Inicios

Toda historia tiene su comienzo, aunque no sé muy bien cuándo empezó la mía.

Tal vez fuera el día 27 de enero, cuando descubrí que me iba a Estados Unidos el curso siguiente. O tal vez antes, el día que hice el examen escrito, o el día que envié la solicitud. Me es difícil señalar el comienzo. Creo que esta aventura siempre ha estado ahí.

Desde pequeña he tenido ganas de aprender, de viajar, de descubrir. Recuerdo que hace muchos años siempre estaba preguntando por todo lo que me llamaba la atención, pero llegó el momento en que las preguntas se volvían más y más complejas y mis padres dejaron de saber las respuestas. Internet solía hacer bastante bien su trabajo, pero dejó de ser suficiente. Es entonces cuando empecé a observar, a fijarme en pequeños detalles, en gestos que pueden pasar inadvertidos, a escuchar las opiniones de la gente, a analizar ideas… Pero después de un tiempo, surgió un problema, ya conocía a la mayoría de la gente, ya había escuchado muchas opiniones y de algún modo, me di cuenta de que mi ciudad se me quedaba pequeña, de que necesitaba viajar y mirar el mundo desde otra perspectiva. En aquel momento supe que eso era lo que quería hacer; que quería ver y escuchar cosas que nunca había visto ni oído, que quería conocer gente, lugares y culturas diferentes.

Creo que ese es el momento en el que comienza mi aventura.

Salir de la rutina no es fácil, pero pensé que tal vez pudiera crear una nueva. Y lo intenté.

No recuerdo cuando me enteré de la existencia de esta beca, pero desde hace año y medio he sabido que existía, y que quería intentarlo. Cuando se abrió el plazo de inscripción eché mi solicitud con mucha ilusión y a partir de ese momento fui consciente de que tal vez dentro de un año no estaría ahí. Durante todo el proceso de solicitante a preseleccionada, y de preseleccionada a becaria me sentí feliz. Una felicidad que tenía su origen en la ilusión y en los pequeños detalles que quería recordar por si me iba.

Llegó el día del examen escrito, después de una larga semana de exámenes. La verdad es que no estaba nerviosa, en parte porque no había tenido mucho tiempo para pensar, pero también porque no suelo ponerme nerviosa. Llegué al hotel, di mi documentación y entré a la sala del examen junto a otros 30 chicos de mi edad. Me llamó la atención algo que dijo la persona que organizaba: nos deseó suerte y dijo que ojalá se encontrara a uno de nosotros como becado en las reuniones orientativas. Entonces pensé que yo podía ser esa persona. Y ahora lo soy. No estuve nerviosa durante el examen, y me dio la impresión de que me había salido bastante bien.

Tras hacerlo, di mi número de teléfono a una chica para que me metiera en un grupo de gente que se presentaba a la beca. En Cebollos se hablaba a todas horas y de todos los temas.

Cuando salieron las listas de preseleccionados yo estaba en clase de informática. Primero vi mi puntuación en el examen: era más baja de lo que esperaba y por un momento dudé no ser preseleccionada. Fui bajando lentamente hasta el final de la lista y vi mi nombre. Aunque me lo esperaba, me llevé una alegría enorme y abracé a varios compañeros de clase.

Este es el momento en el Cebollos se acabó. De 250 personas que allí estábamos, pasamos muchas. Otras no pasaron y se salieron del grupo, algunos que no hablaban siguieron sin hablar, y los preseleccionados creamos Chai Latte 6TW. Este grupo fue un Cebollos modernizado; hablábamos incuso más que el otro grupo, aunque éramos menos. En Chaii Latte ya nos conocíamos todos y habían surgido muchas amistades.

Llegó el oral. Una vez más, no estaba nerviosa; tenía ilusión. Mi sensación tras la entrevista fue buena, pero no sabía si lo suficientemente buena.

El día de las listas, en general, estábamos nerviosos. Fue el día del profesor, por lo que no tuvimos clase en Cantabria y pude hacer Skype por la mañana con una chica de Torrelavega, Natii, de la que me había hecho muy amiga. La verdad es que no sé si nuestra conversación de hora y media me puso más nerviosa o me calmó. El caso es que cuando llegó la hora (las 13h), me encerré en mi habitación después de repetir a mi padre que quería verlo sola, y esperé. Salieron las listas. Mi idea era ir bajando poco a poco para ver quiénes de mis amigos de Chai Latte estaban admitidos, idea que cambié cuando vi que Natii no estaba en la lista y me enfadé. Bajé rápido y ahí estaba yo. Me alegraba mucho por mí y por Carmen Alodia, otra amiga que también había hecho, pero me dio muchísima pena que una de nosotras tres no pudiera compartir nuestra alegría. Salí de mi habitación y fui donde mi padre. Le miré y le dije que sí, él me preguntó que sí a qué y le contesté. Luego llamé a mi madre, avisé a mi familia y finalmente a mis amigos; todos se alegraron mucho.

En ese momento aun no me podía creer que fuera verdad, pero mi aventura, tras un largo comienzo, acababa de empezar.

A día de hoy, puedo decir que esta experiencia sin Cebollos o sin la gente de Chai Latte no habría sido lo mismo. También puedo decir que llevo quince días siendo becaria y siete conociendo a amigos con los que espero vivir una aventura alucinante y conservarles para toda la vida, porque lo creáis o no, son geniales y aunque no les conozca mucho, tengo claro que van a convertirse en mis mejores amigos.

 

 

 

 

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14 comentarios en “Inicios

  1. Creo que todos nos sentmos súper identificados con lo que has contado, han sido un montón de sentimientos.

    Besitos,
    Aly, becada gallega ♥️
    elsuenodealy.blogspot.com

    Me gusta

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