2017

Un año lleno de aventuras, nuevas amistades, risas y felicidad. Sigue leyendo

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III – Tres meses

Tres meses son un trimestre. Trece semanas. Aproximadamente noventa y tres días. Un tercio.

Un tercio de mi estancia en Estados Unidos. Un tercio del curso escolar y de mi convivencia con esta familia. Un tercio de la aventura y el aprendizaje.

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II- Asombrosa normalidad

Hace un año, exactamente un año, acababa de rellenar mi solicitud para la beca. Hace un año me sentaba en el sofá de mi casa mirando vídeos en Youtube de gente normal, estudiantes de secundaria, que habían ido al otro lado del océano a vivir un día a día completamente diferente al que llevaban en España, gente que estaba descubriendo una nueva cultura y que estaba aprendiendo cada día cosas nuevas que no podría aprender estando en casa. Hace un año empecé a irme a la cama cada noche pensando “¿y si me voy yo?”, “¿y si dentro de unos meses soy yo una de esas?”, “¿y si dentro de un año estoy viviendo en Norteamérica una vida de película?”. Sigue leyendo

I – La llegada

Voy en el coche de mi familia americana. Solo son las 20:04 pero ya es de noche en la superficie de la tierra. La pantallita muestra la misma película que llevamos viendo la última semana siempre que vamos en coche. Ya casi me sé los diálogos, pero me gusta el calorcito de los cascos acolchados en mis orejas y cómo me aíslan del exterior de mi mente. Oigo la voz de Shrek y del burro, y de fondo la de mis host parents. Miro por la ventana y veo las altas siluetas de los árboles de Michigan. El cielo está en sus últimos tonos de azul y cerca de la Luna pasa un avión. Un avión que sobrevuela Lansing al igual que lo hizo en el que yo llegué hace ya treinta y cinco días.

Recuerdo ese vuelo, ese último vuelo que marcaba el final del trayecto. Y ese aterrizaje que marcaba el comienzo de la aventura. Sigue leyendo

Nice to meet you · #NICE2MEETYOU2017

Los becados de este año teníamos una sorpresa. Corría el rumor de que en julio todos nosotros, tanto los que vamos a Estados Unidos (también conocidos como Amanciers) como los que van a Canadá (Spanadians), e incluyendo a los gallegos, nos reuniríamos para una actividad, la cual no sabíamos en qué consistía.

La idea de reunirnos todos (todos, todos) parecía una locura, pero sonaba genial. Todos nosotros habíamos ideado teorías (más bien postulados, pues no teníamos pruebas en las que basarnos) sobre aquel misterioso evento; desde una comida con los embajadores o con Amancio Ortega hasta un día en la Warner, pasando por una gymkana en un descampado. La cuestión es que no sabíamos el lugar, ni la actividad, ni nada, es más, no lo supimos hasta que no llegamos allí.

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